El almacén se había transformado. Lo que antes era un depósito de chatarra rúnica, ahora vibraba con una energía febril. Los "descartes" que Kai había reclutado no eran soldados profesionales, pero tenían algo que el dinero de la Academia no podía comprar: el hambre de justicia.
Kai observaba desde la plataforma superior cómo Mina sometía a uno de los descartes, un chico apodado "Chispa" que intentaba canalizar una ráfaga de fuego sin control.
—¡Estás desperdiciando el 60% de tu maná en el destello inicial! —rugió Mina, golpeando el hombro del chico para corregir su postura—. ¡Concéntralo en un punto, no lo lances al aire como fuegos artificiales! ¡Kai no nos está dando una oportunidad para que hagamos un espectáculo, nos está dando una oportunidad para sobrevivir!
Kai bajó de la plataforma. Su paso era diferente; sus botas resonaban con una pesadez que no estaba ahí hace unos días. Su piel, bajo la tenue luz de las bombillas de emergencia, parecía tener un matiz translúcido, como si la luz se negara a reflejarse completamente sobre él.
—Mina —interrumpió Kai. Ella se detuvo, dejando que Chispa respirara—. La fuerza bruta no será suficiente contra los automatismos de Thorne. Necesitamos que entiendan la estructura del edificio. La Academia es una máquina, y cada máquina tiene un punto de fatiga.
—Ellos quieren aprender a pelear, Kai —dijo Mina, secándose el sudor—. Si les hablas de física y vectores, les vas a dar un ataque de pánico antes de que lleguemos a la torre.
—Si no entienden la estructura, serán solo carne de cañón —replicó Kai, con una frialdad que hizo que incluso Mina se estremeciera—. Lian, ¿cómo va el acceso al núcleo?
Lian, que estaba inmerso en una maraña de cables y hologramas, ni siquiera levantó la vista. —Es una locura, Kai. Thorne ha bloqueado los protocolos de acceso remoto desde el incidente en la biblioteca. Para inyectar el virus que causará el colapso de las celdas, necesitamos estar físicamente en la Sala de Servidores del Nivel 12. Es el punto más protegido de la torre. Es básicamente un suicidio.
Kai se acercó a la mesa de trabajo de Lian. Sus ojos escanearon los planos de la torre como si estuviera diseccionando el cadáver de una bestia.
—No si entramos por el sistema de drenaje de maná —dijo Kai, señalando un conducto que aparecía en los esquemas como una línea de alta peligrosidad—. Nadie usa estos conductos porque la presión de la energía es letal. Pero con mi firma de vacío, puedo crear un corredor de desincronización por un breve periodo.
—Eso te matará —dijo Lian, dejando de escribir—. Kai, he estado analizando tu sangre. Tu nivel de entropía está subiendo. Si usas esa habilidad de vacío otra vez, tu cuerpo no se va a agotar; se va a descomponer a nivel celular.
—Entonces el tiempo es nuestro enemigo más real —Kai miró al grupo de descartes que lo observaban con una mezcla de miedo y devoción—. Tenemos 36 horas. Ese es el tiempo antes de que la "Purga Total" de Thorne comience. Durante esas 36 horas, vamos a entrenar. Mina, asegúrate de que aprendan a moverse en equipo. Lian, prepárame el código de inyección. Yo... yo tengo que preparar mi propio "sistema".
Kai se retiró a la parte trasera del almacén, un rincón que había pedido que nadie perturbara. Allí, no había herramientas ni planos. Solo había un pequeño fragmento de cuarzo rúnico que había recuperado de la arena durante la Criba.
Se sentó en el suelo y cerró los ojos. Entró en el estado que él llamaba "La Observación".
En su mente, el mundo se descomponía en ecuaciones. Pero esta vez, fue más allá. Vio el flujo de la energía Trascendental que el Soberano mencionaba. Era como un río de luz negra que corría por debajo de la realidad, alimentando el mundo que ellos conocían.
«¿Por qué lo llaman Rango F?» se preguntó, sintiendo cómo el vacío empezaba a susurrarle desde el fondo de su pecho. «Es un rango para los que no tienen nada. Y el que no tiene nada, no tiene nada que perder.»
Kai extendió la mano hacia el cuarzo. Sin tocarlo, comenzó a vibrar. La roca se deshizo en polvo fino, pero los granos de arena no cayeron; se quedaron flotando en el aire, orbitando su mano en un patrón geométrico perfecto. Kai estaba empezando a manipular no solo el maná, sino la estructura atómica de lo que lo rodeaba.
Sintió un dolor punzante en el pecho. Su cristal, antes gris y muerto, ahora era una cicatriz oscura que palpitaba con un ritmo que no era el de un corazón humano. Estaba absorbiendo el "Vacío". Estaba dejando de ser Kai Caballero para convertirse en algo que la Academia no podría clasificar, algo que ni siquiera Thorne podría contener.
—Si el precio de la libertad es la humanidad... —susurró para sí mismo, mientras el polvo de cuarzo se convertía en una pequeña aguja afilada que sostenía con su voluntad—. Entonces, que así sea.
Mientras tanto, en las profundidades de la Academia, el Director Thorne caminaba por un pasillo iluminado por antorchas rúnicas. A su lado, el hombre de los ojos dorados, el espía, lo seguía como un perro fiel.
—¿Sigue en el Distrito Norte? —preguntó Thorne, sin mirar atrás.
—Sí, señor. Han reunido a unas veinte personas. Se preparan para algo.
Thorne se detuvo frente a una puerta masiva de metal, adornada con sellos que vibraban con una energía profana. —El chico Caballero es un portento. Es capaz de observar la estructura del vacío sin volverse loco. Es el recipiente perfecto. El Arconte está hambriento, y este mundo ya no puede contener su hambre por mucho más tiempo.
Thorne puso su mano sobre la puerta. Una luz púrpura se filtró por las rendijas, revelando por un segundo una visión de un cielo rojo y tierras estériles. —Déjalos que vengan a la torre. De hecho, facilítales el camino. Si necesitan entrar en el Nivel 12, asegúrate de que las defensas principales fallen en el momento justo. Quiero que lleguen hasta el servidor central.
El espía hizo una reverencia, pero cuando levantó la cabeza, su expresión era una de pura confusión. —¿Señor? ¿Si les facilitamos el acceso, no correremos el riesgo de que destruyan el pilar?
Thorne soltó una carcajada que resonó en el pasillo, un sonido seco y sin alegría. —¿Destruirlo? No. Ellos no van a destruir el portal. Ellos van a descubrir, en el último segundo, que el pilar no es el servidor... el pilar es el propio Kai. Y para cuando se den cuenta, será demasiado tarde para detener la ascensión.
Thorne se giró y comenzó a alejarse, sus pasos eco en la piedra antigua. —Prepáralos para la Purga. Quiero que la ciudad vea caer a su pequeño héroe, y que vean cómo se convierte en el fin de todo lo que conocen.
Kai, ajeno a que estaba siendo dirigido como una marioneta hacia su propio sacrificio, abrió los ojos en el almacén. El polvo de cuarzo cayó al suelo. Se puso de pie, su expresión marcada por una resolución inamovible.
—Estamos listos —dijo, mirando a Mina y Lian—. El asalto comienza a medianoche. Que nadie dude: hoy, la Academia Nova Chronos cae.
La Legión se preparó en silencio. Armas rúnicas, terminales hackeadas y una voluntad de hierro se entrelazaron en el aire viciado del almacén. El tiempo de calcular había terminado. El tiempo de actuar, de romper el orden y de forzar el destino, estaba a segundos de comenzar. El Cero Absoluto estaba a punto de alcanzarse.